EL MONSTRUO DE
CRETA
Silvia Galvis
A la espera,
siempre a la espera. Esperando el fruto de las controversias entre los hombres
heme aquí parada ante el gran círculo de mi salida.
No puedo comer, no puedo dormir, el miedo se
ha convertido en costumbre y la suerte ha sido mi palabra olvidada.
¿Qué ha pasado en mí?
¿Cómo espera la vida sorprenderme de esta
manera?
Como si la suerte de mi mundo dependiese de
este momento, me rasco la cabeza y pienso...
tanto verme a mí misma ha hecho que crezcan
mis dolores:
todos estos largos años rumiando de un tubo a
otro,
de una cloaca a otra, dedicada a pensar en la
vaga idea de lo que es el sufrimiento.
He cumplido con todos los requisitos de lo que
es ser mujer, mi corazón ha sido el causante de todas mis desdichas y
sufrimientos;
ese ir y venir por siglos es una hazaña
apocalíptica.
Acércate niño, tu prisión dará libertad a mis
más oscuros deseos,
es un vicio seguir siendo una misma. Escucha
tu joven corazón,
déjate guiar por los aires y los olores, por
el sonido de la música,
por la danza de los zapatos rojos …
por la locura que
trae el silencio.
Movimiento y sueño,
tu venida será mi ausencia,
tú serás mi gloria.
Ya es de madrugada y mi alma ha perdido para
siempre la facultad de esperar.
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